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Mitos y leyendas

El mito de la culebra de las 7 cabezas

Originalmente es propio de los Tamanacos, pueblo indígena orinoquense de filiación lingüística Caribe hoy desaparecido.

Los tamanacos habitaron al Norte del actual Distrito Cedeño del Estado Bolívar, área en la que situaban su punto de origen; fueron trasladados a mediados del siglo XVIII, a la Misión Jesuítica de la Encaramada, cerca de la población, de la Urbana (Estado Bolívar). Su misionero fue el Jesuita Italiano Felipe Salvador Gilij, autor de un ensayo de Historia Americana, en 4 tomos, de los cuales los 3 primeros se refieren al Rio Orinoco.

Amalivaca es el principal Héroe Cultural de los Tamanacos. Los datos sobre Amalivaca están tomados en su totalidad de las noticias aportadas por Gilij, que son de primera mano debido a su convivencia con los Tamanacos, cuyo idioma dominaba.

Basados en esta documentación han sacado muchos escritos los periódicos y de igual manera por internet, un ensayo de Ramírez Sócrates. relata lo siguiente:

“Que en la mitad del rio Orinoco frente a Ciudad Bolívar existe como emblema de la naturaleza geológica de la región, un islote rocoso conocido como “La Piedra del Medio”, que sirve a los rivereños para marcar los movimientos de flujo y reflujo del rio, este afloramiento rocoso representa una longitud de 350 metros de largo de este a oeste; 100 metros de ancho, y una altura de 52 metros hasta el nivel mínimo del estiaje.”  P.97-106

Cal­les en pen­dien­te

 

Pied­ra del Me­dio u Ori­nocómet­ro

Fue denominada por Alejandro Humboldt “ORINOCÓMETRO” por su utilidad para medir el nivel del Rio. Es también el icono mágico del Orinoco, morada principal de la Culebra de las 7 Cabezas.

En la actualidad, el Mito ha encontrado asidero en los hechos ocurridos a partir de 1955.

El 27 de febrero de ese año, a plena luz de la tarde, se hunde en la zona de arremolinamientos de la piedra del medio una chalana llamada “La Mucura” cargada de Vehículos, lo cual sirvió para exacerbar la creencia en el poder controlador de la serpiente sobre todo lo que tocara sus aguas. Meses después del hundimiento, la compañía propietaria de la chalana, contrató a un buzo para que realizase un sondeo en las profundidades del rio y determinara la ubicación exacta del aparato hundido y las posibilidades de recuperación. Este buzo minutos después de sumergirse en la zona cercana a la Piedra; haló enloquecido la cuerda de bote que se encontraba en la superficie y al ser subido cuenta que no pudo ver nada de la chalana, solo vio un extraño animal, con un solo ojo del tamaño de una torta de cazabe.

 

Obra: Isaura Vicuña

Era esta la primera vez para los angostureños, que un ser humano ratificaba haber tenido contacto directo con lo que para ellos era “La Serpiente de las Siete Cabezas”.

La Mucura, aún se encuentra en las profundidades del Orinoco.

Posteriormente a este acontecimiento, las emisoras radiales locales se aprovecharon del suceso para aumentar su radio audiencia, y es posible que esto promoviera la intervención del Instituto Oceánico de la Universidad de Oriente (UDO), el cual mediante la utilización de sondas ultrasónicas detectó alrededor de la piedra del medio una fosa en forma de embudo de unos 150 metros de profundidad, posible causa de los remolinos en esta área.

Enterada desde hace mucho tiempo por los comentarios de los pescadores, escritos en periódicos del mito de la Culebra de la Siete Cabezas decidí interpretarlas en una Obra de Arte.

 

Bibliografía

  • Cora, María Manuela de Cora, (1972) Mitos Aborígenes de Venezuela. Kuai.Mare, 2º edición,; Monte Ávila Editores Caracas
  • Diccionario de la Historia de Venezuela, Fundación Polar. p.120 – 121.
    Gilij, Felipe Salvador (1965) ensayo de historia Americana, Academia Nacional de Historia.. 3V. Caracas
  • Gumilla, José, (1963) El Orinoco Ilustrado y Defendido,: Academia Nacional de la Historia, Caracas